martes, junio 02, 2026

MARTÍN MORALES / Un autentico aficionado taurino

 

    El Maestro y su esposa Marina en El Coliseo El Llano de Tovar Edo. Merida 

En tiempos como los que vivimos, aficionados como Martín son los que hacen falta.

Si las artes plásticas, sus artistas y los amantes de ese mundo lamentan la partida repentina de Martín Morales, los taurinos y seguidores de la Fiesta Brava lo hacemos mucho más,  y es que en tiempos como los que vivimos, aficionados como Martín son los que hacen falta.

De la dimensión taurina del artista Morales hay dos aspectos resaltantes que configuran su autenticidad y que nos dejan enseñanzas claras tanto para quienes, sin razón, adversan la tauromaquia, pero también para los que sentimos esta pasión de modo particular.

Uno de los principales cuestionamientos que antitaurinos, pero sobre todo “mascotistas” de estos tiempos, hacen al arte de la lidia es calificar a los seguidores de esta cultura como seres violentos, personas que desprecia la vida, sujetos maltratadores de los animales, que gozan con el dolor ajeno, en síntesis torturadores y criminales, de quienes no pueden salir nada noble, ni estético, ni luminoso, ni místico, ni sublime.

Frente a esta irracional e infundada forma de pensar, surge la figura y obra de Martín. Cómo se explica que de una persona amante de la Fiesta Brava, seguidora del mundo del toro como él, surgiera tanto color, tanta luz, tanto movimiento, tanta vida, tanta simetría, tanto orden, tanta hermosura, como la que apreciamos en sus infinitas obras. Por ello, afirmar que los taurinos son el lado oscuro de la humanidad, es perverso y Martín lo demostró con autenticidad.

Tampoco podemos negar que en los últimos años, en Venezuela, cierta decadencia se ha apoderado del mundo taurino, verdaderamente los festejos taurinos son menos, muchas de las plazas han cerrado y con ellas las escuelas, también las peñas y asociaciones, expresión de la afición. Ante esta realidad, la forma más directa y auténtica de demostrar nuestra pasión es acudiendo a los festejos, independientemente de la ocasión o la transcendía. Hacerse presente en la plaza de toros es el acto fehaciente de una auténtica afición.

Y es aquí donde surge nuevamente la figura y acción de Martín Morales, porque él, en cada corrida respondía con toda la disposición del caso. Acudía ataviado lo más taurinamente posible, provisto de la respectiva hidratación y avituallamiento, en compañía de su eterna compañera Marina y se iba a los bajos de sol para “vivir” la experiencia de la lidia, para compartir con amigos y engrandecer la Fiesta Brava con su presencia. Por ello, quienes nos consideramos taurinos debemos seguir su ejemplo, acrecentando la afición con nuestra presencia en la plaza.

Indudablemente que nos ha dejado un taurino auténtico, un aficionado de solera. Ya debe estar rondando los ruedos del cielo, ubicándose en una buena localidad, alegre, contento y feliz, como en las plazas tovareñas, para disfrutar de la corrida que nuca acaba, percibiendo la luz que emana del Sol, de ese astro que tanto pintaste y nos dejaste por doquier. 

Enhorabuena maestro.

/// Adrián Gelves Osorio / Tovar, mayo 30, 2026 

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